Primera parte
Miguel Frescas Tovar
Pudiera iniciar con un sentido estricto de lo que es la patria: ¨La patria es la tierra natal o adoptiva organizada como nación, a la que una persona se siente unida por diferentes causas, como lo afectivo, histórico o jurídico¨, pero no lo haré en ese sentido, sino en lo reflexivo:
La patria es el lugar al que una persona siente que pertenece por lazos de nacimiento, cultura, historia, idioma, tradiciones y afecto. No solo es el territorio físico donde nacemos o vivimos, sino también la comunidad de personas que comparten una identidad común y un conjunto de valores, símbolos y costumbres que nos unen como pueblo.
En palabras sencillas:
La patria es nuestra casa grande, el país al que amamos, cuidamos y representamos con orgullo.
Pero en la actualidad, México enfrenta un reto importante: la pérdida gradual del sentido de pertenencia y del amor por los valores patrios entre la juventud. En un mundo globalizado, donde la cultura digital y las influencias extranjeras son cada vez más dominantes, se ha debilitado el aprecio por los símbolos nacionales (por no decir desprecio), las tradiciones y la historia que conforman la identidad mexicana. Sin embargo, rescatar y conservar los valores patrios no es una tarea imposible; requiere compromiso, educación y la participación conjunta de familias, escuelas, comunidades y medios de comunicación.
Los valores patrios son los pilares que sostienen la identidad nacional. Se expresan en el respeto a los símbolos como la bandera, el himno
y el escudo nacional; pero también en actitudes cotidianas: la solidaridad, el trabajo honesto, el respeto a la diversidad cultural, la defensa de la soberanía y el orgullo por las raíces. En la juventud, estos valores deben cultivarse como semillas que fortalezcan el sentido de comunidad y la conciencia de pertenecer a una nación rica en historia y tradiciones.

Rescatar los valores patrios implica reconectarse con la historia. Es fundamental que los jóvenes conozcan no solo los hechos históricos, sino las causas, los ideales y los sacrificios que dieron forma a la nación mexicana. No se trata de memorizar fechas, sino de comprender los valores que inspiraron a los héroes: la valentía, la justicia, la libertad y la unidad. Las instituciones educativas tienen un papel clave en este proceso, pues la enseñanza de la historia debe ir más allá del aula y transformarse en experiencias significativas, como visitas a sitios históricos, participación en actos cívicos y proyectos que fomenten la investigación sobre la identidad local y nacional.
Asimismo, la familia es el primer espacio donde se transmiten los valores patrios. Desde pequeños, los niños aprenden por el ejemplo: al cantar el Himno Nacional con respeto, al colocar una bandera en casa en fechas conmemorativas, o al participar en celebraciones como el Día de la Independencia o el Día de la Revolución. Cuando los padres demuestran orgullo por su país y enseñan a valorar lo propio, siembran en sus hijos la semilla del patriotismo genuino, alejado del fanatismo, pero lleno de amor y respeto.
Otro aspecto esencial es el papel de los medios de comunicación y las redes sociales, que hoy influyen enormemente en la formación de la identidad juvenil. Promover contenidos que enaltezcan la cultura mexicana —música, arte, gastronomía, historia y tradiciones— puede contrarrestar la homogeneización cultural que muchas veces desplaza lo nacional. Las plataformas digitales pueden ser un espacio poderoso para difundir mensajes positivos, rescatar leyendas, reconocer personajes históricos y mostrar el orgullo de ser mexicano con creatividad y orgullo.
